Los constructores de sitios se venden con un número: veinte o treinta dólares al mes. Comparado con contratar a alguien, se ve obvio.
Ese número no es el costo. El costo son 96 minutos al día.
Ese es el tiempo que un dueño de negocio promedio termina metiéndole a mantener su propio sitio: arreglar algo que se movió en el teléfono, pelear con una plantilla que no hace lo que necesita, subir fotos, reescribir un texto, y volver a empezar la semana siguiente.
Lo que 96 minutos al día significan en un año
96 minutos diarios son más de 35,000 minutos al año. Cerca de 600 horas.
Seiscientas horas son quince semanas de trabajo de cuarenta horas. Casi cuatro meses.
Ahora ponle tu tarifa. Si tu hora facturable vale 75 dólares, esas 600 horas valen 45,000 dólares de trabajo que no hiciste. Si vale 150, son 90,000.
La mensualidad de treinta dólares nunca fue el precio.
El tiempo no sale de tu tiempo libre
Esta es la parte que casi nadie calcula bien.
Esos 96 minutos no salen de las horas muertas. Salen de las horas en las que ibas a cotizar, a dar seguimiento a un cliente, a revisar un trabajo o a contratar a alguien. Salen de la parte del día que de verdad mueve el negocio.
Y salen de la noche. La mayoría de los dueños que conozco pelean con su sitio después de las nueve, cuando ya no rinden, que es exactamente cuando ese trabajo sale peor.
El resultado tampoco suele ser bueno
Si el costo fuera solo tiempo, todavía se podría discutir. Pero el sitio que sale de ese proceso casi siempre tiene los mismos problemas:
- Carga lento, porque la plantilla trae cosas que tu negocio nunca usa
- Se ve raro en el teléfono, que es donde llega la mayoría de la gente
- No responde las preguntas de precio, cobertura y garantía, porque esas son difíciles de escribir
- No tiene estructura para que Google entienda a qué te dedicas ni dónde trabajas
- Tiene tres botones distintos y ninguno claro
Ninguno de esos problemas es culpa del dueño. Son el resultado normal de hacer un trabajo especializado en los ratos libres.
Dónde sí tiene sentido hacerlo tú
Para ser justos, hay casos donde funciona:
- Estás validando una idea y necesitas algo en línea esta semana
- El sitio es una sola página con tu nombre, lo que haces y tu teléfono
- Tienes tiempo de sobra y el negocio todavía no depende del sitio
Si estás en uno de esos casos, hazlo tú. En serio. El error es quedarse ahí tres años después, cuando el negocio ya sí depende del sitio.
Preguntas frecuentes
¿Y si yo sí sé de computadoras?
Ayuda con la parte técnica, y no cambia la parte más difícil, que es decidir qué va primero, qué se dice y qué se quita. Esa parte no es técnica.
¿No es lo mismo pagar una mensualidad a una agencia?
Depende de lo que incluya. Una tarifa fija por un proyecto que te quedas es una cosa. Una renta indefinida por un sitio que nunca cambia y que no puedes llevarte es otra muy distinta.
¿Cuánto tiempo debería tomarme mi sitio cada semana?
Cerca de cero. Si tu sitio te está pidiendo horas cada semana, algo está mal construido.
¿Puedo empezar con algo mío y mejorarlo después?
Sí, y es lo más común. Lo importante es reconocer el momento en que el tiempo que le metes ya cuesta más que hacerlo bien.
En resumen
Hacer tu propio sitio no es barato. Es un pago diferido, cobrado en las horas más productivas de tu semana, durante años, por un resultado que casi siempre queda por debajo de lo que el negocio necesita.
Cuenta cuántos minutos le metiste al tuyo el mes pasado y multiplícalos por tu tarifa. Ese es el número real.